Dicen que el azul es el color de los sueños… es mi color favorito con diferencia. Aquí va un sueño azul rodeado de música en azul…:
“DESDE EL PRINCIPADO DE LOS SUEÑOS
PARA MI AMADO Y ÚNICO HABITANTE
A solas con tu recuerdo es inevitable no rememorar el regusto de esos días de paz en que tanto sentí.
No es necesario buscarte: estás en cada rincón, en la ducha, en la cocina, en las sábanas, sentado pintando, encendiendo incienso…
Convivo con tu recuerdo y te huelo a cada instante.
¿Cómo se puede quedar tan grabado un olor? Cuando me despierto con tus sueños tu olor me acaricia en la ducha, al secarme en la toalla en la que, pese a los lavados, sigue persistiendo el olor de tu piel. Y al mirarme en el espejo, te veo, nos veo hermosos y gozando de nuestra propia contemplación. Y cuando abro el armario para vestirme, encuentro el olor de tu ropa y pienso que tal vez conserve aún el olor de los lavados que tuvo en casa. Y en el ajetreo de llegar tarde al trabajo, me tropiezo con la silla en la que tanta ropa tuya se posó y que, por ello, también conserva tu olor.
De vuelta a casa casi estoy a punto de llamarte porque te percibo presente o incluso pienso en sorprenderte con llevarte alguna flor que te dé luz y te haga sonreír.
Y si como, casi puedo saborear tu boca, tu aliento en los cubiertos que compartimos. Entonces decido comer más despacio para que el sabor sea más duradero; pero las comidas tampoco saben lo mismo.
Y si me tumbo en el sofá a descansar me vuelvo a encontrar con tu olor impregnado en la tela; me acurruco y te siento muy, muy pegado a mi, conversando o durmiendo mientras tu ves la televisión.
Y si suena el teléfono, al cogerlo, vuelvo a olerte en el auricular.
Y cuando llega la noche no es necesario buscarte en la cama, tu olor está en la almohada, en las sábanas, en la respiración que parece que escucho, en tu cuerpo junto al mío, en tus pies fríos, en tu cuello que parece que muerdo, en tu pelo que parece que acaricio, en esos tus ojos, que al mirarlos, encuentro tranquilidad y paz.
Entonces intento dormir, no sin antes rezar por ti, por mi, por el universo que nos ha proporcionado este regalo. Pero me faltan las buenas noches y el beso en la frente. Y despierto del sueño: te echo de menos, te extraño. Me quedan los mimos de tu recuerdo y los mimos de tu olor presente.
Siempre me gustó olerte. Cuando ordenaba tu ropa o recogía la sucia, tú no lo sabes, pero yo la olía y la olía y me sentía feliz.
Nunca te forzaré a nada aunque a veces mis palabras puedan indicar lo contrario. Creo que te respeto y te entiendo. Sé que necesitas tu tiempo y lo entiendo. Tómate el que necesites. Yo, mientras tanto, seguiré haciendo caso a lo que me dicta el corazón y expresando todo lo que siento, a veces sin palabras ni obras.
Aquí estoy, libre para amarte, libre para compartir y volar contigo…
Sinceramente te quiero.
Tu príncipe”
Sueños, sueños, sueños…