Me gusta rellenar las soledades. Una de las cosas que utilizo para ello es escuchar y observar a las personas. No se trata de chafardeo ni de criticar a nadie; lo hago por pura diversión sana. Como músico, no me resulta nada difícil escuchar varias conversaciones a la vez, de hecho me han enseñado a escuchar muchos instrumentos juntos A veces (no siempre) utilizo estos recursos. Por ejemplo: voy en el autobús, suben dos pedazos de tíos (grandes, gordos y peludos), se sitúan cerca de mi. Primero están en absoluto silencio pero de pronto uno le dice al oído al otro: ¡es que tiene mi disco de Mónica Naranjo!; el otro, muy alterado y ya con voz alta contesta: ¡ ah, eso si que no!. Me tuve que girar para reir con disimulo e imaginar de qué iría la cosa para que el puto disco fuese lo que no se podía consentir.
Barra de un bullicioso bar de noche: nada destacable en principio porque la gente llega empujando y gritando por encima de la música para pedir su copa pero de pronto mi oído capta una conversación (afino mis sensores a tope entre tanto ruido): “No sé tío, es que aquí decís todo lo que sentís y yo no estoy acostumbrada, en Cataluña nadie dice lo que siente”; “entonces ¿te sorprende que sea sincero? ¿no puedes soportar la ternura o te da miedo?”; “no estoy acostumbrada a la ternura”; “entonces es tu puto problema no el suyo”; “además, es andaluz, no habla catalán, mis padres no lo entenderían”; “me da asco lo que dices”. Me giré, él se fue, la chica se quedó quieta y sola.
Otras veces, me siento en cualquier parte agradable a ver pasar a la gente, a observarla. Me gusta ver sus gestos, las caras, como se miran con otras gentes cuando se cruzan, como se rascan… y escuchar frases sueltas mientras que pasan delante mía. Con todo ello, me imagino pequeñas historias, pequeños trozos de vidas que seguramente no tienen nada que ver con sus vidas (o quizá sí). Es igual, de alguna manera es una forma de prestarles atención, de salvarlos/nos de esta incomunicación y de esta despersonalización en la que estamos envueltos, una manera de que alguien deje constancia de que están y son algo…
Por todo ello siempre me arrepiento de no llevar un papel pautado donde escribir estas notas que voy captando para luego unirlas en música. Quizá algún día una de esas personas escuche una melodía y se reconozca. Quizá nunca lleve el papel pautado porque en realidad temo escribir mi propia música, mi música del silencio.