Supuse (tal vez lo deseaba así…) que su sonrisa y su mirada me abrasarían; lo supuse, pero me quedé escaso: sencillamente me desbordaron.
Todo comenzó despacio… un ¾ lento, mimoso, suave. Una mirada de soslayo, un ver el color de los sueños pero sin dormir, un esbozo de risa, una piel que roza otra piel sin querer queriendo, un olor que se hace cercano, atrayente y atractivo y las palabras que poco a poco iban brotando, acelerando, creciendo en intensidad, como crecía la luz de nuestros ojos. Yo veía en azul y él en verde. Crescendo… sumando sensaciones, elementos, tacto, roces… crescendo molto vivace… Nuestros cuerpos se iban acercando y deseándose inevitablemente, como únicos en el mundo, como acordes que iban sonando y resolviéndose. Y se agregaban sonidos, todo más y más fuerte, creando tensión a fortísimo. Su boca, mi boca, sus labios, los mios empapados en güisqui, se humedecían y se reclamaban los unos a los otros. Y más palabras, y las sonrisas que refulgían y brillaban delatando esas sensaciones… la música crecía en intensidad y viveza: ¡qué hermoso ese primer y corto beso!.
Bolero: tan, ta ta ta tan…
Su risa, la mía era pura música, sin artificios, natural.
En su boca puse sal y la saboreé. Cuando no queríamos que nadie nos viese pero sin importarnos demasiado, nos besamos suavemente escondidos bajo la luz de dos triángulos. Crescendo, molto fortísimo… deseo, más deseo, más y más deseo, su cuerpo en mi cuerpo, el mio en el suyo eran los sonidos que escuchábamos… Puse en su boca fruta dulce y la absorbimos juntos, saboreándola mientras se escurría por nuestras barbillas. Mi lengua recogía y entregaba a su boca la pulpa que intentaba escapar; era recíproco. Crescendo, más y más sonidos, molto fortísimo. Los besos se hacían intensos, sabrosos, frescos. Piel, más piel, olor, deseo, miradas que se posaban la una en la otra ya sin miedo y sin reparo. Las palabras daban paso a las sensaciones y a la pasión irrefrenable. Nuestros cuerpos se ayuntaban, se atraían sin esfuerzo llevados por una fuerza irresistible. No sé en que momento, mi boca recorría su cuerpo, lo hacía temblar cual tambor: ta ta ta ta tan… Nuestros sexos se buscaban y se encontraban una y otra vez. Piel, más piel, su olor, mi olor, su cuerpo, mi cuerpo… La música crecía como crecía la tensión en nosotros, como crecía el deseo, suspiros más y mas fuertes, bolero… ta tata ta tan. Acordes, acordes, mas sensaciones, mas notas, mas tensión, mas acordes hasta llegar al sumum, a la disonancia más tensa que se resolvía escuchando y viendo como su gozo aumentaba y se deshacía cual mano que acaricia las cuerdas de un arpa… gota a gota, nota a nota, do mi sol do, si re fa si, fa la do mi… y nuestros labios se encontraban… y nuestros cuerpos se sabían el uno del otro… tannnnnnnnnnnnnn finale!
Al amanecer, recorrí su cuerpo con una rosa. Y despertó con una sonrisa. Y la música sonaba…